13 de diciembre de 2011

Un simple mortal - II parte

Un simple mortal - Parte 2


¿Puede negarse que el nombre de Néstor Carlos Kirchner cobra características de culto?. Calles, avenidas, plazas, escuelas, campeonatos, edificios y otros lugares fueron bautizados con su nombre. Los “homenajes” se multiplican, y sus obras parecen agrandarse con el tiempo. Ya tiene una estatua y veneradores. Varios de los legisladores que asumieron recientemente le declararon su lealtad en la invocación: “…Sino que Dios, la Patria y Néstor Kirchner me lo demanden”, dijeron eufóricos bajo la lluvia de aplausos de otros acólitos, viejos y nuevos. El Senador Samuel Cabanchik dijo sin sonrojarse que había jurado por “Dios, por la Patria y por El que era una nueva trinidad”. Si esto no fuera verdad merecería una sonora carcajada por semejante atrevimiento.

La presidenta Cristina Fernández lo invocó también durante el discurso de asunción en el Congreso, y le agregó una nueva característica cuando dijo que “El” había tenido “palabras proféticas” al definir el futuro como caracterizado por el cambio.


Algunos miembros del oficialismo, pronto de reflejos, salieron a minimizar el contenido de los juramentos y la veneración, pero para quienes están atentos esto no es simplemente una manera de decir.


Esto es grave. Es un síntoma alarmante de decadencia política y de una sociedad desorientada. Esto refleja finalmente la oscuridad del corazón humano cuando está lejos de Dios y en su lugar está dispuesto a poner cualquier cosa o persona. ¡Qué empecinamiento este tan humano y tan caído!.

SEÑOR, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy. He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo. (Salmo 39.4-5)

No a nosotros, SEÑOR, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu fidelidad. (Salmo 115:1)

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