“Todos somos iguales ante la ley” es el fundamento básico de una república, una democracia auténtica, una nación que se rige por el derecho. En Argentina la igualdad parece mejor garantizada por factores como la posición económica, el cargo político, la influencia o el poder. Nuestra historia pasada (y actual) muestra que los gobernantes (y poderosos en general) han tenido un lugar privilegiado, por encima de ella. Tener poder se concibe como estar exento del cumplimiento de la ley, llegar así a un estado de “intocable”.
La impunidad es el gran ideal, y mantenerla abre el terreno para que la corrupción, el abuso y el desarrollo de sistemas mafiosos en todos los niveles. En las últimas semanas varios sindicatos salieron a realizar medidas de fuerza cuando sus dirigentes fueron llamados a dar cuenta ante la justicia. Las organizaciones que gobiernan tienen el poder de cortar calles, cancelar servicios de transporte público, convocar a marchas numerosas, llenar estadios, impedir la distribución de medios de comunicación que le son contrario, convocar un paro nacional… Los grandes dirigentes sindicales se llaman a si mismos “trabajadores”. Sin embargo no pueden explicar (y son pocos los que se los piden) cómo han conseguido la fortuna personal que ostentan. La lista es impresionante: son dueños de empresas lucrativas, socios en emprendimientos inmobiliarios, van de compra a los lugares más exclusivos del mundo, tienen yates, propiedades, pisos en los lugares más caros de Buenos Aires, ropa de calidad, custodios, cantidad de abogados. Son recibidos en los lugares más altos del poder político. La democracia de la que tanto hablan está ausente en sus gremios, la alternancia en el cargo, regla fundamental de una democracia, le es desconocida. Una importante cantidad de dirigentes gremiales está en su puesto por más de veinte años. Por otra parte ellos no dudan en usar su aparato en beneficio propio, cuando alguien osa tocarlos o sus beneficios se ponen en riesgo. No obstante el poder los consulta, los subvenciona, los conforma, los apacigua. El gobierno de los Kirchner, a pesar de una retórica inicial de ser “la nueva política”, y de estar en contra de “las corporaciones”, acordó con ellos hace tiempo.
Está claro que no todo el sindicalismo se ha corrompido, pero los que son distintos tienen pocas posibilidades de avanzar. Las sombras avanzan, Argentina es rehén, pero Dios sigue en control.
2 comentarios:
Realidades muy bien expresadas.
Gracias.
Gracias a ti.
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