La negación como práctica política
La negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia o su relación o relevancia. De esta manera se rechazan aspectos de la realidad que se consideran desagradables. Otro acercamiento al tema dice que la negación se relaciona fundamentalmente con la depresión, pero es apreciable también en la ansiedad, y aún en la vida cotidiana. En otras palabras, es la negativa persistente a verse influido por las evidencias de la realidad. Un autor que ha estudiado detenidamente este tema señala que "el uso de cualquier forma de negación implica falta de esperanza en poder cambiar la situación objetiva". Enfrentar un problema de esta manera es totalmente erróneo pues la persona se comporta como si ese problema no existiera. Otros autores han resaltado algunas de las consecuencias de la negación:
1. El reconocimiento del problema es considerado como manifestación de locura o maldad. (Un emergente de esto es que los que quieren llamar la atención al que vive en negación serán rechazados, demonizados, humillados, evitados y etc.)
2. El problema que exige cambio se complica crecientemente por los problemas creados por la negación. (En buen romance: "iremos de mal en peor" ).
El gobierno que tenemos parece llevar adelante una manera de hacer política y de entender la realidad basada principalmente en la negación. Esto puede observarse en los anuncios presidenciales, la desinformación del INDEC, los discursos de los principales ministros, la batalla contra los medios de comunicación, las leyes que trata – y aprueba - el Congreso, y un sinfín de evidencias. En esta época decir la verdad se ha vuelto nuevamente peligroso. Sin embargo como cristianos tenemos un llamado no solo a proclamar la verdad sino a encarnarla, a defenderla. Jesús dijo: "la verdad hace libre".
De más está decir que la negación no es exclusiva de los gobernantes. También tiene lugar en nuestras iglesias, familias, en la vida personal. ¡Gracias sean dadas a Dios que contamos con la revelación de su Palabra y la acción de su Espíritu!. Ambos se encargan eficazmente de disipar las tinieblas y echar luz. Hubo un rey que comenzó bien pero cayó en la corrupción. Su pecado personal afectó también su familia y su gobierno. Finalmente fue visitado por un valiente profeta que lo llamó a reconocer su maldad, arrepentirse y cambiar. David, escuchó ese llamado y regresó de la mentira, la negación y la muerte. Eso le devolvió la cordura, y lo orientó nuevamente a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Más tarde escribió un poema donde cuenta como era su vida mientras vivía en negación: "Mientras callé, envejecieron mis huesos…". Mientras persista la negación nuestra nación se muere, también nosotros sino hablamos.






