27 de noviembre de 2009

La locura de los poderosos

"Nunca, en toda la historia argentina, un Presidente tuvo más poder político y económico que Néstor Carlos Kirchner. Ni siquiera Juan Perón, ni mucho menos, Carlos Menem. Kirchner no se resigna a ser pare del poder transitorio. Al contrario: pretende ser parte del poder permanente que trasciende los tunos de los jefes de Estado. Su poder real es inmenso". (Luis Majul, El Dueño).
En estos días oscuros de la Argentina la lectura del capítulo cuatro del libro de Daniel es más actual que nunca. La Biblia tiene mucho que decir acerca del poder y de su origen, de su ejercicio y de su propósito. También tiene ejemplos de sus límites y abusos, de sus consecuencias devastadoras. En el capitulo mencionado se relata el ansía de poder de un gobernante y la locura a la que es arrastrado. Claramente el poder puede llevar a la locura y en toda sociedad enferma hay una locura por el poder. Esta locura tiene una base de soberbia y omnipotencia, de grandeza y búsqueda de permanencia, de acumulación y reparto de privilegios, de soledad y aislamiento. Esa locura por el poder lleva a la ruina personal y nacional, sin mencionar su impacto inter-nacional como la historia lo muestra de manera repetida. El poder total, o el delirio por obtenerlo, lleva al culto a la personalidad, la opresión, la censura de todos los que opinan o dicen lo contrario, la presión para amoldarse y el temor que se vuelve aliado. Temor que amordaza, intimida. La locura del poder contagia a otros y nutre la lucha mezquina, la impunidad, la manipulación, la corrupción, la violencia. Quien ha sucumbido a estos cantos de sirena tiene una percepción totalmente distorsionada de la realidad, la propia y la externa. Sus criterios y decisiones lo llevan de mal en peor y el resultado es sufrimiento, decadencia, ruina. En aquella ciudad había un hombre de Dios que tuvo el valor y la sabiduría para advertir acerca de la locura que venía y para dar una palabra de orientación para salir de la misma. Aquél gobernante no lo tomó en cuenta aunque sí lo hizo despúes. En el entretanto sufrió consecuencias dolorosas. Pero un día elevó sus ojos al Cielo, reconoció a Dios, se humilló y enmendó su conducta. Entonces le fue devuelta su cordura y su capacidad de gobernar, cosa que hizo de una manera diferente, hasta dio testimonio de Dios del obrar de Dios en su vida. Aquella historia terminó bien, ¿la nuestra cómo será?.