El avasallamiento institucional del país parece no conocer límites ante la ofensiva del matrimonio presidencial.
· Uso de la caja para comprar lealtades políticas, promesas de ayuda económica a provincias y municipios con problemas. Falta de fondos para los que se oponen o cuestionan.
· Dejar la sesión del Congreso sin quórum luego de haber conseguido el cargo que se proponían al anticipar que perderían la votación pues la misma estaba empatada.
· La pelea mediática contra la Justicia, sus fallos, magistrados, etc. Siempre y cuando estos actúen en contra de sus intereses.
· La manipulación de dar de baja el Fondo del Bicentenario (y el DNU de la polémica) y anunciarlo en el discurso de la Dra. Cristiana F. de Kirchener al inaugurar las sesiones del Parlamento. Antes había firmado dos nuevos DNU por un monto de 6 mil millones de dólares. Esto fue hecho en silencio y con gran rapidez. Para esto tenían asegurado el aval de la nueva presidenta del Banco Central. Este tema, hay que recordarlo, estaba en discusión en el Congreso y se decía que se había llegado a un consenso para una ley que reemplazara el Decreto de Necesidad y Urgencia. También recordar que la misma Justicia le impidió al gobierno transferir esos fondos hasta tanto se expidiera el Congreso.
· Cuando la oposición no cumple su rol, también debilita el sistema republicano, representativo y federal que emana de nuestra Carta Magna. No solamente lo debilita sino que permite que ese deterioro institucional perdure en el tiempo. Lamentablemente la oposición no ha dado grande señales de estar a la altura de lo que la nación requiere.
Mientras se confunda el partido con el país, la persona con la figura institucional de la presidencia, los amigos con los ciudadanos, los grupos económicos afines con las instituciones, las verdaderas causas de la crisis con los medios de comunicación, la imposición de la propia voluntad con el consenso; seguiremos en aguas tormentosas sin posibilidad de continuar viaje.